Cura el curandero, pero también el curador. El psicoanalista
es ahí quien dirige la cura que hace el hablante sobre su propio síntoma, su
posición es la del curador de una obra en progreso. Es de esto de lo que es responsable
de manera irrenunciable. Sin poder esconderse en la coartada de que no existe
el psicoanalista. Si no existe el psicoanalista es como que no exista la mujer.
No existe en tanto que universal, pero eso no impide que tengan que
arreglárselas con existir una por una.
El problema de la no existencia se resuelve en parte por medio
de lo que existe, que es el significante. No queda otra alternativa, y el
significante “psicoanalista” existe en la cultura, es un hecho. Y es un hecho
que Lacan los emancipó al hacerlos autorizarse de sí mismos, cosa que él
plantea como de Perogrullo, como si cayera por su propio peso.
¿El saber clínico viene a parasitar su pureza singular, el ideal beatífico de su inexistencia? ¿O como todo singular, el nombre de psicoanalista solo se alcanza por medio de la dialéctica de lo particular y lo universal, que implica el saber clínico?