Libros y textos de una investigación en curso en psicoanálisis

22 julio, 2014

Formicidae


Carlos Márquez

Las hormigas, a diferencia de las abejas, no hacen sino prosperar. Actualmente constituyen el 20% de la biomasa terrestre, es decir, del conjunto de la masa que corresponde a los seres vivientes. Es una ecuación que las iguala a los humanos, pero como son mucho más pequeñas hay que pensar que para que esto sea posible, tiene que haber entre 150 y 1500 hormigas por humano. Hay quienes calculan una relación de más de un millón por humano. Habitamos su planeta.

21 julio, 2014

Antophila


Carlos Márquez

Es un hecho que las abejas están desapareciendo de la faz de la tierra. Su nombre científico que significa "amantes de las flores", nos da la clave de su perdición, y de la nuestra. Su desaparición no será sin consecuencias para nosotros, que envenenamos su alimento y sus medios de vida.

Al parecer alguna gente les explica los "hechos de la vida" a los niños con analogías que involucran abejas en el proceso de polinización. Es interesante pues pareciera ser bastante más complicado polinizar una flor. Pero el pudor había envuelto estos "hechos de la vida" y la propia indisposición hacia ellos había planteado el problema de cómo hablarle a los niños, cuando el propio adulto no entiende bien en qué consisten, ni cómo es que de ellos puedieron surgir estos niños.

09 julio, 2014

...que otra vez triunfó...

Carlos Márquez

Un significante, al menos en el uso que damos los psicoanalistas a este concepto, es una palabra que por su posición en el discurso, en un momento determinado, revela el poder de la palabra. El poder de la palabra deviene de su estructura material, que es de inmaterialidad, o más precisamente, de materialidad negativa. Al contrario de las partículas que obtienen su materia del Bosón de Higgs, el significante funciona como una partícula que sólo en apariencia tiene materialidad.

Su apariencia de materialidad viene de un cierto consenso sobre su valor, no regulado por ninguna entidad central, es como si el dinero no tuviera un Banco Central y funcionara guiado exclusivamente por las reglas de intercambio. Su poder está sostenido sobre casi nada, sobre un efecto contingente que se naturaliza con el uso.