Texto publicado originalmente en la Revista The Wannabe N° 11 de la Nueva Escuela Lacaniana
Carlos Márquez
A veces, los psicoanalistas anidamos en la universidad. ¿Cómo se puede resistir el rito, el estándar, los manuales de normas, los programas, cosas tan alejadas e incluso contradictorias con la formación analítica que dispensa la orientación lacaniana? Encontrar a un sujeto entre las quejas y la afición al saber que cunden entre los miembros de esa comunidad puede ser un hobby, una "distracción poderosa" de esas a las que Freud daba el valor de combatir el malestar en la cultura. ¿Pero esto es suficiente hoy?
Añadamos la viralización del discurso universitario más allá de los claustros. Podemos verla detrás de las estrategias de control de diferente textura que se extienden por las sociedades avanzadas, como la evaluación, pero que toma fuerza con nuevas formas de autoritarismo, con una burocracia sabelotodo que ocupa cada vez más espacio en nuestros países latinoamericanos. Hay que recordar que Lacan le adjudica a lo que sucedía en la Unión Soviética la forma de este discurso. Esa forma de capitalismo burocrático, donde cualquiera que apriete el tornillo del control y el despotismo puede quitarse la culpa por lo que hace simplemente con acudir a un bien superior sabido por "el partido", "el líder" o cualquier otra entidad abstracta. Porque eso no es propiamente el discurso del amo. El cuarto de vuelta que hace posible al discurso universitario requiere de un amo muerto en el lugar de la verdad, el "autor", sobre el que se sostiene toda la red de un saber que se lanza sobre lo vivo para domesticarlo.